The Beast Inside: Una perfecta combinación entre el horror y la aventura

The Beast Inside es una aventura de terror en primera persona que nos sumergirá en un mundo lleno de enredos y misterios. Desarrolado por Illusion Ray Studio y Movie Games, fue lanzado para PC el pasado 17 de octubre. Se puede conseguir en Steam a USD 24.99 (o 270 pesos argentinos).

Mientras más sé, menos entiendo

The Beast Inside nos lleva, en un principio, a ponernos en la piel de Adam Stevenson, un criptoanalista de la CIA que se traslada junto a su esposa embarazada a una casa de campo ubicada en el medio de la nada. Esto con la excusa de conseguir por fin un poco de paz y tranquilidad frente a los horrores de la Guerra Fría. Claramente no todo será color de rosas. Revisando el ático de su nueva casa se encuentra con el diario íntimo de Nicolas Hyde, un hombre que habitó aquel lugar durante el siglo XIX.

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Luego de dicho acontecimiento pasaremos a dominar al famoso Nicolás Hyde, un joven atormentado por los fantasmas de su pasado, que se sumerge en la búsqueda de su padre, quien desapareció sin dejar rastro alguno (al igual que varios de los pobladores de Blackstone). En el recorrido por averiguar qué pasó con su padre (y que hay detrás de todas esas desapariciones), deberemos no sólo hacerle frente a los demonios internos, sino a varios seres extraños que amenazan con acabar con nuestra vida.

Es así que la historia (divida en diez capítulos) nos llevará constantemente entre el pasado y el presente. Ambas líneas temporales logran mezclarse de una manera eficaz, sin dejar cabos sueltos hacia el final. Más allá de no ser innovadora en términos generales –de hecho, para aquellos más cercanos al género resultará bastante previsibles, sobre todo en sus “plot twist”– The Beast Inside cuenta con una historia atrapante, que te mantendrá en vilo de principio a fin.

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Puzles, aventura y algo de acción

Como la experiencia nos lleva constantemente a manipular dos personajes diferentes. El estilo de juego presentará algún que otro cambio dependiendo del caso.

Mientras nos encontremos en la piel de Adam (es decir tiempo presente), el juego se sentirá más una especie de aventura mezclada con thriller. El criptólogo no sólo estará pendiente de los soviéticos, quienes parecen haber averiguado su paradero, sino también de Nicolás Hyde, quien parece tener varias vinculaciones con la actualidad. Es así que nos sumergiremos en un mundo semi abierto, donde estaremos de acá para allá buscando pistas de nuestros enemigos de carne y hueso y de este misterioso pasado. Si bien constantemente se nos remarca que Adam es básicamente el mejor criptólogo de todos, no es un aspecto que realmente este explotado. Los puzles brillan por su ausencia y los que se hacen presentes son más que fáciles de resolver.

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Los capítulos que tengamos en nuestro poder a Nicolás Hyde funcionan más como un survival horror. Es acá donde realmente se siente un juego de terror propiamente dicho. El pasado que iremos descubriendo de él es tan horroroso como el presente que atraviesa. Constantemente debemos escapar (o hacerle frente, en alguna que otra ocasión) a los espectros (o no tanto) que amenazan con acabar con nuestra vida. Con Nicolás Hyde también estaremos de acá para allá revisando distintas áreas, aunque será de una forma más lineal, que no nos dará tanto margen a la exploración. En este caso los puzles no serán tan presentes, sino que predominará más la acción.

La movilidad en ambos casos se siente algo torpe por momentos. Esto se vuelve un poco irritante si tenemos en cuenta de que nos tenemos que movilizar de un lado a otro. Con ambos personajes deberemos ir recorriendo notas que nos revelaran pistas del pasado (y de paso nos darán información sobre puzles a resolver). Podremos interactuar con básicamente todos los objetos, aunque con el correr de los minutos descubriremos que poco de ellos son realmente útiles (algunos cuentan con mensajes ocultos que podemos revelar simplemente girándolos a un costado).

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Y no podían faltar los jump scare

En esta instancia (el aspecto visual) también podemos ver bien marcada la diferencia entre Adam y Nicolas. Entre el presente y el pasado. Los capítulos del criptólogo transcurren durante el día. Lo único que mínimamente puede afectar nuestra visión es una tenue niebla que se hará presente en algún que otro momento. En los episodios protagonizados por Nicolás predominará la oscuridad. Para hacerle frente a esto contaremos con una lámpara a kerosene y unos fósforos que nos permitirán iluminar parcialmente nuestros alrededores.

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Como clásico juego de terror, recurrirá a los jump scare para hacernos saltar de nuestros asientos. Será moneda corriente (tan corriente que terminará perdiendo el efecto) estar caminando y que de un momento a otro un espectro nos sorprenda como por arte de magia.

La música en ambos casos sí sigue más bien un hilo conductor. En ambas líneas temporales buscar remarcar (y por qué no generar) el clima tenso y terrorífico (aunque este punto también se hace más notorio en las escenas de Hyde). El sonido ambiente resulta completamente estereotipado (lluvia, pasos, puertas que se abren y cierran solas, murmullos) aunque cumple con su función de ponerlos los pelos de punta en algún que otro momento.

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Conclusión

The Beast Inside cuenta con varios puntos a favor y muy pocos en contra (que de hecho no son lo suficientemente fuertes como para opacar la experiencia). Desde el vamos su historia (pese a contar con un desenlace un poco obvio) hará que te quieras atornillar a la silla (y que nadie ni nada te joda). Su jugabilidad no es lo mejor de la vida, pero es acorde a lo que nos propone el juego (sobre todo si tenemos en cuenta que su peso está puesto en la narrativa). El aspecto visual y el sonoro son algo trillados, pero eficaces a la hora de causar algún que otro jump scare.

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Yaki Nozdrin

Periodista y crítica de cine. Aficionada de los videojuegos. Siempre del lado Riquelme de la vida. Podría ver los capítulos de Friends en un bucle infinito y no aburrirme nunca. PD: El Centro de Desarrollo desearía recordarle que el cubo de compañía no puede hablar.

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