Review Dead or School: la chica del subte


Studio Nanafushi reintroduce su ambiciosísimo Dead or School, una mezcla de hack-and-slash 2D y RPG que se les fue de las manos en una campaña de Indiegogo pero que contra viento y marea logra completar su desarrollo para Steam en 2018. Llegando a las consolas de Japón un año más tarde, ahora finalmente se cierra el círculo al cruzar el charco a Occidente.

Dead or School ya está disponible para Nintendo Switch, PS4, y Steam.

Caminar por Tokio y vivir por un rato en el mundo de un anime es el sueño de todo weeb, pero también esto resulta cada vez más cierto para el público general. Sea porque se agudiza la globalización o por el hartazgo de los clichés norteamericanos, el amor por la cultura japonesa y sus excentricidades crece como nunca antes. Por eso las fronteras en la industria de los videojuegos también se empiezan a borrar —hasta nunca a los mezquinos “region locks”— y títulos ayer considerados de nicho para el mercado japonés ahora empiezan a cobrar sentido en el resto del mundo. Por supuesto que no me estoy refiriendo a las IPs milenarias como Zelda, Resident Evil o Final Fantasy, piedras fundacionales que siempre tuvieron derecho de piso. Sino más bien a juegos de corte independiente, como esos JRPGs que hace unos años supieron refugiarse en la magnífica pero tan infravalorada PlayStation Vita. Títulos precisamente como Dead or School.

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Narra esta distopía que hace más de 70 años los mutantes invadieron Tokio. Los pocos humanos sobrevivientes se refugiaron bajo tierra, construyendo una nueva civilización a los pies del subterráneo. Encerrados y empobrecidos, muchos cavilan en voz baja un retorno a la superficie, en especial la joven Hisako. Obnubilada por las historias de su abuela, fantasea con refundar una escuela como las de antes, e invitar a otros refugiados a participar. Optimista, desafiante y algo ingenua, Hisako se calza el uniforme escolar de su abuela y promete, katana en mano, conocer el cielo y las estrellas cueste lo que cueste.

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El concepto de la bella colegiala de armas tomar es uno de los fetiches de la cultura japonesa que a esta altura conocemos muy bien, tanto en el anime como en los videojuegos (Highschool of the Dead / Lollipop Chainsaw). Pero acá no vamos a hacer un juicio de valor por el “sí” o el “no” al fan-service. Ya forma parte del género y no creo que este sea el título que más abuse de él, si nos ponemos a comparar. Sí quiero destacar que Dead or School tiene la peculiaridad de hacer del uniforme estudiantil algo más que solamente un adorno para la sexy protagonista —aunque eso también— y lo convierte en un elemento de la historia, al ser el catalizador que despierta en Hisako la curiosidad por la vida en la era pre-mutante y la motivación para toda la aventura en sí. También tiene un rol anecdótico en la mecánica de salud: cuando la barra está en las últimas, el uniforme de Hisako se desgarra —eye-rolling— y su furia eleva el ataque y la defensa para un último esfuerzo. Es un intento, al menos, de darle una mínima explicación a la vestimenta y como tal, vale mencionarlo.

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Después la historia es lo suficientemente ridícula y tirada de los pelos como para encontrarla simpática, y junto a ella vamos a conocer varios personajes memorables en el trayecto por los diferentes distritos subterráneos de Tokio, basados en la geografía real de la ciudad. Con visuales de un JRPG estándar, la narrativa es una serie de diálogos que contextualizan una campaña enfocada principalmente en la acción: en este juego no hay combate por turnos ni nada semejante, sino que se trata de un hack-and-slash puro al mejor estilo Devil May Cry, solo que en formato side-scroller. El progreso en la aventura va estar atado a las oleadas de enemigos que lleguemos a aniquilar mientras podamos mantenernos de pie, variando entre armas de corto y largo alcance.

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Hay contadas ocasiones donde el platforming toma protagonismo, y ahí somos conscientes de que los controles, si bien le hacen justicia a la hora del combate, no responden tan bien en situaciones donde haya muchas acrobacias involucradas. Una cosa es morir frente a un monstruo y otra resbalarse de una plataforma por tener límites de contacto poco claros. No ayuda mucho que el sprite de Hisako sea una caricatura 2D fina como el papel ubicada en un escenario repleto de modelos 3D de todos los tamaños, resultando en que la perdamos de vista con facilidad en los momentos más caóticos. Es una elección artística, obviamente —y estéticamente el juego no decepciona—, pero no siempre resulta práctico. No es casualidad que todos los enemigos y elementos de colisión directa estén recortados por un aura de color, evitando así que se fundan en los paisajes.

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Tratándose de un mapa gigantesco con tintes de metroidvania —aunque nunca lo suficientemente divergente como para perderse en él— es normal que haya extensos segmentos cargados de enemigos a derrotar entre los check points. Combate tras combate, con la salud y artillería diezmándose a cada victoria, se vuelve muy tentadora la idea de retroceder a mitad de camino para regenerarse en el último punto de guardado. Pero esto no va a funcionar como imaginamos: reiniciar nuestros contadores significará volver atrás en todo sentido, inclusive en los combates ganados, dinamitando así todo el esfuerzo previo. Ahí surge la necesidad de ser estratégico y administrar recursos para planificar los viajes en una sola pasada: es vital ser austeros con el uso de las armas y exprimir las de corto alcance, asumiendo el riesgo; las balas ahorradas serán agradecidas en momentos más picantes, como los monstruos con un nivel claramente superior al nuestro o los mini-bosses.

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Recorrer el Tokio subterráneo y alcanzar la superficie nos va a llevar una buena cantidad de horas, tanto por la duración de la campaña como por lo desafiante que se pone el juego inclusive en la dificultad Normal. Con mini-games, misiones secundarias y mucha personalización disponible, la monotonía que podría entreverse en una sucesión infinita de combates queda bastante alivianada siempre y cuando elijamos explorar todo a fondo. Esto hace de Dead or School una gran opción para matar horas —y mutantes— en estos tiempos de cuarentena que tanto espacio libre le están cediendo a los videojuegos.

Conclusión

La narrativa de Dead or School es sencilla y servicial a un gameplay orientado a la acción, que es donde el título más se luce. Los combates se mantienen siempre desafiantes y nos empujan a ser estratégicos con el uso de armas y recursos. La duración de la campaña es más que generosa y el disfrute de esta va a depender mucho de nuestro interés en la exploración y el lore del universo del juego, para así sacarle jugo a los aspectos más secundarios y no sentir la repetición pelea tras pelea.

Ezequiel Inverni

Estudiante de Edición de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, a veces programador y diseñador gráfico. Me apasiona la ficción y el storytelling, en especial el género del terror. Me encuentro en autores como Stephen King y Mariana Enríquez, y videojuegos como Deadly Premonition y Silent Hill.

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