Tokyo, 1995

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Oficina

Es 4 de octubre. El clima de otoño es templado y el ruido urbano incesante.

Se frota el puente de la nariz mientras se recuesta unos segundos en su silla de trabajo con los anteojos descansando en su cabeza. Fueron dos años brutales. No recuerda cuando durmió más de 5 horas seguidas. Por la noche, en la oficina o en su hogar, escucha ruidos y se los atribuye al cansancio. Ha tenido sueños extraños con agentes secretos, infiltraciones, asesinatos. El paisaje cambia. A veces es la jungla, a veces un desierto. Cuando está menos agotado lo analiza y piensa que tiene que ver con su trabajo y con el desarrollo de su mayor éxito. Sin duda, también con ella, a quien imagina cruel en alguna pesadilla y amable en lo que resta del día. A lo lejos se oye un helicóptero. Probablemente de algún medio periodístico. Quizás un accidente en la 319. No es tan extraño.

Un programador se acerca. No tiene buena relación con ellos. Siente que se inmiscuyen demasiado con la parte creativa de los videojuegos. Pero no está vez. Ha podido tener un control firme sobre el arte de este título. Solo puede imaginar las posibilidades futuras con consolas como la 3DO de Panasonic, que acaba de recibir una versión de su última creación. Todavía tienen trabajo duro por delante con las versiones de Sega Saturn y Playstation, la que considera que será la consola de los próximos veinte años. Por ahora, ha tenido una muy buena recepción y está contento. Sus creaciones son una mezcla de géneros que sospechosamente, cuajaron. Ciencia ficción pura y dura en una historia de detectives neo noir hard boiled. La crítica ha sido elogiosa. La prestigiosa Famitsu habló muy bien de la sincronia entre el misterio de «quién lo hizo» y la trama de viajes espaciales, sueño criogénico (debía recordar ver de vuelta «Demolition Man«) y venta ilegal de organos.

Suena el teléfono de su escritorio y levanta el tubo.

Una serie de chasquidos y pitidos después, una voz femenina:

Baldío del GRIPS, en 15 minutos”.

Toma su chaqueta y sale raudo. El centro está a apenas unas cuadras.

Camina en silencio algo nervioso pasando cientos de transeúntes y oficinistas que van en todas direcciones pero siempre trabajando. El «espiritú japonés» que ella siempre nombra. Casi con desdén y rechazo. El helicóptero que escuchó previamente se ubica  en el cielo por sobre él. La sombra que genera es recta por el mediodía y casi lo oscurece.

En minutos llega, algo agitado, al terreno baldío en construcción del próximo Instituto Nacional de Graduados para Estudios de Políticas. Algunos trabajadores almuerzan en silencio de sus cajas de almuerzo mientras otros llevan herramientas de acá para allá. Oculta en la sombra, detrás de un pequeño galpón, hay una persona. No es su primera reunión clandestina. En su interior teme que no será la última, aunque lentamente ha comenzado a admitir que esos furtivos encuentros le generan una mezcla de pavor así como de excitación.

GRIPS

Se acerca y se apoya en la pared junto a ella que fuma.

-¿Y?

-Nadie me siguió- responde él.

-Bien.

Ella arroja el cigarrillo a la tierra y lo pisa. Es unos centímetros más baja que él, pero sus tacos la dejan al nivel de sus ojos. Tiene el cabello rubio, ojos claros y, como él, suele usar lentes. El desconoce su nombre real, pero ella le dijo que su nombre es Eva. Sospecha que es mentira. Se presenta como rusa pero él a menudo se confunde y la trata como soviética. Sobre todo cuando piensa en ella, algo que es usual. Eva habla perfectamente el japonés y tiene los ojos bastante más rasgados que incluso algunos rusos de la estepa siberiana.

-No estás paranoico. Sos un objetivo- le dice finalmente.

Sus nervios por verla de repente son de otra clase mas elemental.

-Tranquilo- sigue –Un objetivo no siempre significa una píldora de cianuro. No hagas un elefante de una mosca.

-Son ellos verdad.

-Si por “ellos” te refieres a los americanos. Si, son ellos. Y antes de llevarte a un cuarto oscuro quieren tener mas información.

-¿De qué?

Ella enciende otro cigarrillo y da una larga calada antes de proseguir.

-Hace unos años, dos para ser exactos, estabas en España, en el Festival de Sitges y fuiste a ver una película…

-Recuerdo el Festival. Vi muchas películas.

-Si.

-¿Qué tiene de raro?

-Déjame continuar. Fuiste a ver una película, acompañado por una mujer a la que llevaste al viaje.

El hace memoria. Lo recuerda. Claro que lo recuerda. Desde principios de la decada viaja bastante al exterior e intenta congeniar con el sexo opuesto. Hace dos años tuvo algunas citas con una chica que conoció en su trabajo. Una programadora. Es vivo el recuerdo porque dado su rencor mas bien general con ese gremio, le sorprendió que esa muchacha fuera tan agradable. Y fueron a Sitges juntos. En ese momento no lo pensó claramente, pero sin duda le sorprendió que tuviera tanta libertad.

-Sí, ¿Mei?

-Bien. La opinión de la agencia (y sus opiniones son más bien certeras) es que Mei es una doble agente. Creen que trabaja para el Departamento de Trabajo del Frente Unido aunque fue entrenada por ellos mismos.

Se queda en silencio unos minutos que parecen eternos. En su oficina van a empezar a inquietarse. Nunca está mucho tiempo fuera del trabajo.

Ella sigue:

-Mei creció en Estados Unidos y fue reclutada por la agencia apenas salió de la universidad. Personas como ella son muy apreciadas por varias razones. Jamás lo admitirían, pero si es cierto, fueron engañados de manera muy sencilla.

-¿Y por qué querría algo conmigo Mei? Yo no tengo ninguna información de valor.

-Tal vez no quería nada. Nosotros somos más que agentes. También amamos y nos peleamos con nuestros vecinos. Salimos a cenar a restaurants y vamos a parques de diversiones con familia. Somos personas. Es probable que Mei haya terminado trabajando en la misma empresa por razones totalmente distintas y para tener una fachada hizo una vida normal. La vida normal incluye citas.

-Entonces…

-La CIA probablemente quiere tener toda la información posible antes de hacer una operación que revele su posición.

-¿Y cuál es el interés de ustedes?

-El SVR básicamente actúa siempre que el Departamento de Estado norteamericano dispara sus alarmas. Puede sonar algo mezquino para el espíritu japonés, pero si ellos tienen un interés, nosotros también.

«El espiritu japonés»

-Muchas gracias por ayudarme.- dice finalmente.

-Ahora es tu turno de hablar.

El creador suspira y mira para todos lados antes de pasarle un disco de 3 1/2 en un sobre blanco.

-¿Es lo que yo creo?

-El prototipo. Ahí está el guión y algunos diseños en primera etapa.

-Lo chequearemos.

Se separan y el regresa mirando sobre su hombro a las oficinas. Camina ligero y decidido. La mezcla de sensaciones le quitó por completo el hambre.

El nerviosismo se le apaga mientras sube las eternas escaleras hasta su piso. Nunca usa el ascensor. Le gusta el ejercicio y le ayuda a liberar tensiones. Diferentes personas se le acercan a consultarle asuntos y les va respondiendo uno a uno. Camino a su oficina ve el escritorio donde Mei supo estar hace dos años. Luego renunció y su puesto fue reemplazado.

De vuelta observando por su ventana recuerda esa cita con detalle. En Sitges vieron varias películas, pero en concreto recuerda lo mucho que se divirtieron viendo Cronos de un director debutante. Les costó bastante entender la trama por su falencia idiomática (el espiritú…) pero recordó que Mei, que sabía una docena de idiomas, se la pasó explicándole lo que no comprendía.

Prende un televisor Sony Trinitron encapsulado en un mueble de la oficina mientras escucha nuevamente al helicóptero. Arranca un nuevo anime en TV Tokyo, el extraño opening lo sorprende y por un rato lo distrae de la intriga en la que se ha, inadvertidamente, visto involucrado.



Gamer de muchos años. Creador de la comunidad Old Gamers. Redactor.


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