Godhood: ¡Ríndanse ante mí, súbditos!

El pasado 10 de julio se publicó en la plataforma de Steam, Godhood: un juego de los desarrolladores de Reus y de Renowned Explorers (Abbey Games), que todavía se encuentra en acceso anticipado.

Sé el Dios supremo

¿Crear tu propia religión? Claramente es una propuesta que suena más que interesante. Godhood nos dará la posibilidad de ser un Dios (o diosa) y tener nuestros propios reclusos. Con la posibilidad de elegir entre el bien o el mal (luz o oscuridad), tendremos como motivación central fundar la religión más importante y grande, por lo que, con la ayuda de nuestros discípulos, debemos ir conquistando diferentes tierras.

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Más de lo mismo

Al comienzo del juego debemos enfocarnos en crear nuestra religión. En este punto contaremos con un gran abanico de opciones para personalizar a nuestro Dios. Luego debemos asignarle un nombre, como también a la religión en sí y a nuestros creyentes. Pasado esto, debemos elegir entre seis dogmas: guerra, paz, lujuria o castidad (generosidad y avaricia se encuentran bloqueadas). El mandamiento elegido determinará la forma de obrar de nuestros discípulos.

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Una vez finalizado este proceso, se nos permitirá seleccionar la duración de la partida: corta (100 turnos), normal (200 turnos) o larga (400 turnos).

Ahora sí, ya está todo sobre la mesa para meternos de lleno en este mundo.

Nuestro objetivo principal será captar más y más seguidores para hacer crecer nuestra religión. Para ello contaremos con discípulos que nos ayudarán a reclutar más gente y a hacer tareas generales como conseguir más ofrendas para mejorar los edificios en nuestro campamento. Sólo podremos realizar tres tareas por turno. Cada turno representa un día en el juego (debido a que es un proceso lento, contaremos con la opción de acelerar el tiempo).

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Además de las tareas generales que les asignemos a nuestros discípulos, también podremos enviarlos a una especie de guerra contra otras tribus. El combate se basa en un 3vs3 automático por turno. Como si de un juego de Pokemon se tratase, a la hora de luchar contra otra religión debemos tener en cuenta su clase (hay 13 de estas) y su elemento principal (ancestral, vida, divino, oscuridad, naturaleza). Entonces: naturaleza es débil contra oscuridad, pero resiste contra divino.

Ganar estas partidas nos permitirá conquistar nuevos terrenos y extendernos por el mundo, lo que hará que más fieles se unan a nuestro culto y que nosotros básicamente podamos subir de nivel. A medida que subamos de nivel, podremos desbloquear nuevos edificios y habilidades.

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El problema con Godhood es que no hay cambios significativos a medida que avancemos. Podremos pasar de tener un pequeño culto a una aldea repleta de “seguidores”, pero esto, finalmente, no tendrá un gran impacto. Si bien nuestra aldea irá creciendo y podremos agregar más y más edificios, la jugabilidad y la historia en general se mantendrán estáticas.

Pocos recursos utilizados

En cuanto al aspecto visual, los escenarios son reiterativos y algo toscos. Los campos de lucha se mantienen siempre, en cada batalla, igual. No hay ni una mínima diferencia entre ellos. Nuestra aldea es el único lugar en el que mínimamente podemos apreciar algún cambio, y esto sólo se debe a la posibilidad de agregar nuevos edificios a medida que vayamos avanzando.

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Lo más interactivo en este sentido –y por ahí en el juego en general– es que se pueden realizar cambios en el aspecto físico de los personajes. El juego nos permitirá modificar el color de piel, de pelo, de ropa y un color secundario (accesorios).

La música, por su parte, no pincha ni corta en esta historia.

Conclusión

Godhood finalmente resulta un juego monótono que se va volviendo más y más aburrido a medida que avancemos. Ni la historia ni el estilo de combate tienen algún tipo de cambio significativo que haga más entretenida la experiencia. El hecho de que el aspecto visual también sea tosco y repetitivo tampoco ayuda a mejorar la situación.

Sólo queda esperar a ver qué cambios realizan sus desarrollados durante este tiempo en early access. Por el momento, no vale la pena pagar los 27 dólares que cuesta.

Yaki Nozdrin

Periodista y crítica de cine. Aficionada de los videojuegos. Siempre del lado Riquelme de la vida. Podría ver los capítulos de Friends en un bucle infinito y no aburrirme nunca. PD: El Centro de Desarrollo desearía recordarle que el cubo de compañía no puede hablar.

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