Tener PC en los 90’s

Recordar los 90’s, como hice acá, acá, o acá es un momento agridulce. La parte dulce tiene que ver con mi llegada al mundo del gaming con el Family y el Sega y la PC (una época contemporánea a la mayoría de los que leerán esto). La otra es mas bien personal. Situación económica, fallecimiento de familiares, temas de salud. Quizás por eso tengo tan presente a la década del grunge, las camisas a cuadros y la convertibilidad mal sostenida.

Going Blind (Melvins)

Dada la economía familiar mas bien tambaleante, la idea de tener una computadora en casa era totalmente materia de sueños. Ni siquiera era algo que pensábamos o decíamos en voz alta. Mi acceso personal a las computadoras se reducía a dos instancias: las viejas compus de la primaria, donde usábamos el Logo y algunas otras viejas herramientas con olor a new wave (?), y la computadora de la familia de Andrés.

Cuando yo era chico, capaz ahora también, era muy común decir que eran “primos” y “tios” personas con las cuales había mucha relación entre familias, o padrinazgos y madrinazgos. Andrés era (es) como un primo. Nuestras familias eran amigas desde antes de que ambos naciéramos.

Andrés creció con una computadora debajo del brazo por su hermana que era profesora de informática. Ir a la casa de la familia Gomez (apellido falso) era para mi quedarme con Andrés jugando a todos sus juegos de computadora. O mejor visto, viéndolo a él jugar, dado que a mi me costaba muchísimo. Igual me divertía. Así conocí al Principe de Persia, con sus laberínticos niveles con tiempo, y guardias con cimitarras. También descubrí al muy divertido Lotus: Ultimate Challenge que tenía una sensación de velocidad y vértigo que envidiarían videojuegos actuales. Por supuesto, Andrés era fan en esa época del Monkey Island y pasaba horas descubriendo sus escenarios y resolviendo puzzles entre carcajadas por los chistes.

All Hail Me (Veruca Salt)

Y eso era prácticamente todo. Tenía varios amigos con computadoras en sus casas: Nicolás, Alejandro, Martin y Luciano. Todos viviendo a metros de distancia. Mi vecino de al lado, Marcos, también tenía una. Para las economías estables de clase media, la PC hogareña no era inalcanzable.

Aun así, la razón por la cual en 1995 nosotros conseguimos una 486 es que la ganamos en un sorteo. Siempre tendré dudas sobre la legalidad del mismo, pero la leyenda cuenta que querían descartar la PC de la recepcionista del lugar adonde íbamos a inglés particular. Estábamos becados en la Cultural Inglesa de Wilde porque nuestros padres eran amigos de las dueñas del instituto. Sospecho que esa amistad también derivó en un sorteo medianamente corrompido. No me quejo. Así me metí en el mundo de la computadora y dado que 8 años después me recibí de Técnico en Informática Personal y Profesional (orientación domótica), tiendo a creer que esa oscura tómbola algo tuvo que ver.

La PC era una 486 con monitor monocromático, disquetera de 3 ½ y 5 ¼  y venía con el Windows 3.11 instalado. Rápidamente me hice fan del Solitario clásico del Windows, mejor conocido como Klondike. Un poco por esa razón es que en Steam tengo Solitaire 3D que tiene una treintena de juegos de naipes del género.

Por supuesto, las posibilidades se hicieron enormes. Gracias a Action Games y otras revistas en formato papel de la época, descubrí que los juegos de PC  tenían requisitos. Necesitabas cierta PC, con cierto micro, RAM y espacio en el disco rígido. El Doom Original por ejemplo, que venía en 4 diskettes de 3 y ½, apenas funcionaba en mi recientemente adquirida PC. Carreteaba cuando aparecía un Imp y directamente se tildaba con el Cacodemon. Aparte que en el monitor VGA blanco y negro no se entendía mucho lo que sucedía.

Que nadie cambie tu opinión, fue una revista buenísima

En esa búsqueda, gracias a mis amigos con PC, conocí un Tetris XXX bastante fuerte para mi pre adolescencia, así como al rarísimo Supaplex (que pueden conseguir en Steam a 40 pesos) con su bolita esquivadora de bombas.

Suck you dry (Mudhoney)

La PC no era solamente un lugar para jugar y gracias a esa primera computadora, descubrí mi antojo por escribir. En esa época no escribía reseñas ni análisis de nada. Solo ficción. El nivel y tipo de ficción que puede escribir un pibe de menos de 13 años que cringearía a los estómagos más preparados. Pero sin esa influencia temprana, no estarían leyendo esto probablemente.

Lamentablemente, un día se detuvo.

Aquello de lo que no sufren las consolas, afecta duramente a las computadoras.

Mi amigo Martín había conseguido un juego extrañísimo llamado Descent. Me lo mostró en su casa y quedé fascinado. Manejabas una suerte de nave que iba por túneles matando robots extraterrestres. El tipo de plot que podríamos esperar de un videojuego de los 90’s (bueno, hoy también). La PC de Martin era una Pentium mucho mejor que la que tenía yo. Pero dado que el Doom, aunque mal, funcionaba, me llevé los diskettes a casa.

Esa noche intenté instalar el juego. No funcionaba bien. Se trababa todo. Decepcionado, lo desinstalé. La frustración por el videojuego iba a ser mínima comparada con la que iba a tener inmediatamente después cuando la computadora empezó a funcionar horriblemente. Errores de todo tipo. Se tildaba todo el tiempo. Estaba prácticamente muerta.

Los discos del Descent, evidentemente, estaban llenos de virus.

Con la ayuda de Alejandra, la hermana experta en informática de Andrés, instalamos el Toolkit y lo empezamos a correr. No era el famoso “Michelangelo”, ni tampoco el “Concept”. Era uno de esos virus comunes que andaban yirando en una época donde la protección a los virus no era lo que es hoy. Ese virus común (no era un COVID), me destruyó la PC.

Black Hole Sun (Soundgarden)

Formateos, y cambios mínimos no hicieron mucho. La computadora estaba casi inutilizable. Yo la usaba para escribir en el MS-DOS Editor y usar el QBasic que venía instalado. Eso era todo.

Una tragedia menor comparada con otras. Pero jodía.

Pasaron unos años de esa situación hasta que mi hermano pudo comprar una computadora, alrededor del año 2001. Raro, mientras el país se incendiaba. Con dos hermanos mayores ya trabajando y aportando, nuestra situación financiera no era tan escabrosa como en otras épocas. Nunca buena, pero sin duda, era distinta. Mejor. Mi hermano necesitaba una PC para editar video y había comprado una muy buena PC para la época. Por lo pronto, era un Pentium 4 (creo) que tenía 64 megas de RAM, disco de 2 gb y una placa de video dedicada, aparte de una placa de sonido Sound Blaster con la comencé a componer gracias a ciertos softwares que uso al día de la fecha.

Había aprendido mi lección. La PC tenía un buen antivirus y no le instalaba nada que no estuviera bien chequeado a priori. Así pude descubrir el Counter Strike 1.6 al cual jugué con bots durante años hasta que tuve internet en casa (recién en el 2004 cuando comencé a trabajar y contrate Speedy 256). Entre esos años, con mi hermano, conocimos varios de los juegos que amamos hasta hoy: Max Payne, Hitman, Need for Speed: Porsche Unleashed (¡mi favorito!), Rune, Oni, GTA Vice City, Metal Gear Solid.

Fueron años dorados. No trabajaba, estudiaba informática asi que ya entendía mas o menos lo que hacía, y podía jugar todo lo mejor que había dando vuelta.

En 25 años, desde aquella primera 486, pasaron media docena de computadoras hasta aquella con la cual escribo estas nostálgicas (¿?) palabras. Los restos de cada una crearon la friolera de TRES (3) PC extra. Una para un amigo, otra para mi pareja, y otra que desarme para regalar por partes a un amigo.

Desarmar los recuerdos fue un buen ejercicio.

Arkanoid: el top 2

En mi escrito anterior para esta sección – La cuestión con el Super Mario 3 (y el Super Mario World) – les comenté que mi top 2, la carne entre los panes que son el Super Mario Galaxy y el Super Mario 3, merecía un análisis aparte. Por eso aquí cumplo.

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Hernan Castaño

Gamer de muchos años. Creador de la comunidad Old Gamers. Redactor.

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