Los Angeles 2000

Los Angeles, 2000

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De momento, su cara le resulta familiar a unos pocos. Para el resto es apenas un japonés sacando fotos con una pesada cámara Canon D2000. Los nuevos lentes le molestan porque aún no aprendió a corregir las dioptrías.

En la convención hay unas 30 mil personas en ese mismo momento recorriendo pasillos. Muchos empresarios trajeados y con maletines que se cruzan con desarrolladores vestidos de entrecasa. Muy pocos aún pueden ser considerados “famosos”. Ve a John Romero a lo lejos anunciando la salida inmediata de Daikatana, videojuego que gran parte de los gamers tienen euforia por probar.

E3

El creador camina solitario y bastante anónimo. Es alguien pero es nadie. Su más grande obra ha salido hace dos años. Por fin encontró el éxito absoluto. Su trabajo fue recompensado por la crítica, el público, sus colaboradores y la compañía en la cual trabaja hace ya casi quince años.

Las fuentes de inspiración no se agotaron. Al contrario. De vuelta en Japón, su equipo trabaja en una nueva instalación que le vino a la mente hace unos años fascinado con un anime de mechas.

La flamante consola de Sony, Playstation 2 tiene el hardware necesario para llevar a cabo su mas reciente ambición.

¡CLIC!

Un japonés de Sony lo reconoce y lo saluda con una corta reverencia y poco mas. Tiene un barbijo que destaca en el ambiente cargado de aromas invasivos y personas a cara descubierta, haciendo ruido e intercambiando carcajadas.

«Espiritu japonés» piensa.

La E3 es aún un evento mayormente empresarial y el creador ha ido en calidad de turista y por su cuenta. Nadie en realidad sabe que está ahí.

El día pasa entre muestras con su cámara al cuello, lo cual a cada rato le genera un dolor en las cervicales que le hacen ver las estrellas.

¡CLIC!

Una mano se le apoya en el hombro y siente que algo se desliza en el bolsillo de su saco. Piensa que le están robando y cuando alarmado se gira no encuentra a nadie. Ni tampoco ha sido víctima de ningún hurto. En cambio, en su bolsillo encuentra una tarjeta magnética que reza “Hotel Figueroa” y el número de habitación 140. La tarjeta fue intervenida con lapicera y hay escrito un pequeño paréntesis  “(48)”.

Alarmado, y algo nervioso recuerda uno de sus últimos encuentros con  Eva, hace algo mas de un año. Fue en el GRIPS Japonés. En 1997 ya estaba inaugurado y muy lejos de ese montón de escombro y material de construcción que era hace apenas un lustro. Por eso coordinaron la fúrtiva reunión en un baño para discapacitados.

-Te felicito.

-¿Por qué?

-El videojuego.

-Arigato.

Ella termina su cigarrillo y lo arroja al inodoro.

-¿Hay alguna razón para esta charla?- pregunta el creador impaciente.

-Si.- Eva sonríe. –VVP está muy satisfecho y me autorizó a informarte algunas cuestiones.

La saliva se acumula en la boca de su garganta.

Ella sigue:

-La partida americana de discos del videojuego está siendo intervenida por miembros de nuestro equipo informático. Algunos diálogos serán ligeramente modificados sobre todo en dos secuencias con personajes rusos. Sin embargo, la mayor modificación es un agregado cerca de la batalla final. Habrá una secuencia de parpadeo veloz de luces. Eso es todo.

El creador no finge su sorpresa. Han experimentado con las posibilidades del hardware, desde un divertido truco con las tarjetas de memoria, hasta algo novedoso que se les ocurrió para un próximo título con un cazador de vampiros de protagonista y un fotómetro introducido en el cartucho.

-¿Cuál es la razón de esa secuencia?

-Voy a serte sincera. No me lo han dicho. Solo me autorizaron a darte esa información.

-¿Y por qué?

-¿Por qué qué?

-Por qué te autorizaron a contarme.

-Voy a extender los límites de mi permiso porque me agradas. Creo que imaginan que muchas personas van a probar diferentes versiones del videojuego. Creo también que saben que esas personas van a descubrir las variantes y a comentarlas.

-Y quieren que esté preparado para que demos una respuesta sensata si a alguien se le ocurre preguntar.

-Es probable.

-Entiendo.

Hotel Figueroa

El creador camina por las calles de Los Ángeles a su propio hotel. La noche se acerca y no tiene miedo en admitir su angustia. El juego de espías ha ido muy lejos. Y él es apenas un creativo haciendo su arte.

Se detiene en un semáforo antes de cruzar la calle hasta su hotel. Del otro lado, una mujer rubia, de ojos claros y lentes lo mira. Asiente levemente y comienza a caminar. El repite su accionar desde su lado de la vereda. A distancia sigue sus pasos atravesando peatones  y fanáticos del basquetbol peregrinando al Staples Center para ver a sus amados Lakers que tienen partido contra los Phoenix Suns para definir a uno de los finalistas de la Conferencia Oeste.

Ha sido conducido por la mujer al Hotel Figueroa. Un botones le abre la puerta y ella las atraviesa. El, diez metros por detrás repite sus acciones. Se sube sola a un ascensor. El creador aguarda a que el numeral le indique donde se bajó. El piso 14. Sube acompañado de un muchacho de cabello desgreñado y lentes que muy concentrado observa unos papeles y se baja en el piso 10.  El creador sale al piso 14 y llega a ver como unos pies con tacos atraviesan el umbral de una habitación. La puerta se cierra detrás. Ligero alcanza la puerta. Es la habitación  número “8”. Se dispone a golpear cuando recuerda la tarjeta magnética.

“140 (48)” lee.

Retoma sus pasos y se dirige a la habitación “4” a la cual accede sin problemas con la tarjeta magnética. Camina en silencio por el pasillo. Nervioso pero excitado.

El juego de espías ha ido muy lejos” se repite mientras se ríe en silencio. Le encanta y odia admitirlo.

-Hay una silla más adelante- le dice una voz de hombre rasposa oculta en una densa oscuridad. Las persianas casi no filtran luz, pero el ruido de la sonora ciudad se cuela sin problemas.

El creador camina hasta un sillón que su tacto reconoce como chintz, y se sienta. Es cómodo.

-¿Qué hago aquí?- pregunta.

-Eso es algo que tú debes responderte. Nadie te obligó a venir- dice la  voz escondida.

-Es cierto- reconoce –Pero por algo me dejaste la tarjeta magnética en el bolsillo.

El silencio sucumbe y piensa que ha sido abandonado.

-Yo no hice nada de eso- responde finalmente. -Te estuve observando, pero no te esperaba.

De repente, las alarmas en su cabeza resuenan.

-Estas siendo manejado como un títere- dice la masculina voz.

-¿Por quienes?

-Probablemente, por todos.

-¿Quiénes serían todos?

-Los rusos, los chinos, los americanos.

-¿Debo entender que no perteneces a ninguna de esas facciones?

-Al contrario. Fui el experimento de casi todas.

El creador se levanta del sillón  y se acerca a la persiana. Las luces naranjas nocturnas lo cubren horizontalmente por franjas. Un enorme bullicio repentino explota a unas cuadras, en el Staples Center y le causan un sobresalto.

La voz le susurra:

-La mujer, Tatiana… ¿La viste aquí?

-¿Tatiana?

-Una mujer rusa, rubia, de ojos celestes.

-¿Eva?

La voz se ríe.

-“Eva, la primera mujer”.

-¿Cómo?

-Nada. No confíes en nadie.

-¿Tampoco en…?

-En mí tampoco.

-¿Puedo saber tu nombre?

-Tengo muchos. Puedes llamarme Nulo.

-Si no fuiste tú el de la tarjeta, entonces tampoco me estabas esperando.

-Estoy esperando, pero a alguien totalmente distinto. No soy la herramienta de nadie ¿sabes?

El creador, con más dudas que certezas, sale de la habitación y se dirige raudo a la número “8”. Golpea y aguarda. Nadie responde. Avezado, empuja y la puerta hace un chasquido. La habitación está vacía. Sobre una mesita, sin embargo, encuentra un cuchillo de combate, dos arandelas doradas, y un sobre de sopa sin abrir.

Toma las arandelas y nota que una le calza perfectamente en el dedo anular de su mano derecha.

Da un último vistazo al cuarto y recuerda su cámara de fotos colgando del cuello.

¡CLIC!



Gamer de muchos años. Creador de la comunidad Old Gamers. Redactor.


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