MADiSON Análisis: Terror made in Argentina

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Desarrollado y publicado por BLOODIOUS GAMES, esta propuesta terrorífica de producción local le pasa el trapo a muchos juegos AAA. Una historia atrapante y posesiones demoníacas nos esperan en esta aventura en primera persona.

MADiSON está disponible para PC, Playstation y Xbox.

EL HIJO LOCO

Si bien Madison es el nombre de un personaje dentro de la historia, el nombre del juego es un juego de palabras que también quiere decir MAD SON, o sea hijo loco. En este juego encarnamos el papel de Luca, justamente uno de los últimos hijos de la familia protagonista. A lo largo de la aventura vamos a ir desentrañando los misterios familiares para ir revelando la trama, mientras todo parece indicar que más nos acercamos a la verdad, más nos acercamos a la locura.

El juego arranca con nuestro personaje despertando encerrado en una habitación con aparente amnesia, algo bastante común en juegos del género pero que siempre funciona. Esto nos permite arrancar sin que nos den mucha explicación, e ir viendo la historia de a poco, atando cabos sueltos. A poco de arrancar, nos enteramos que cometimos unos asesinatos y mutilaciones en estado de posesión demoníaca, y nos encontramos con evidencia de esto encerrados en la casa familiar. 

Esta primera habitación nos sirve de tutorial, el juego inteligentemente nos muestra como resolver puzzles simples, usar objetos y la luz para nuestra ventaja. Es una pequeña secuencia de la cual terminamos escapando por un pasillo hacía la casa del abuelo de la familia, en donde el juego empieza y pasamos la mayor parte del mismo.

Nuestro objetivo principal va a ser escapar de esta casa, pero para ello vamos a tener que resolver toda clase de puzzles y objetivos. La casa es enorme y a medida que avanzamos vamos a ir habilitando nuevas partes. La arquitectura no es la de ninguna casa normal y a veces se siente laberíntica, pero funciona para un juego de terror.

La casa está llena de detalles a cada rincón, y si bien se asemeja más a la clásica casa embrujada de estos juegos, también tiene algunos detalles locales que revelan que el juego fue hecho por argentinos. Por ejemplo, la cocina tiene nuestras más comunes y conocidas mesadas de mármol, junto con alacenas que estoy seguro vi en más de una casa de este país. Y hay también algunas cajas de medicamentos que imitan a algunas que llegué a ver en la vida real. Entre otros detalles que no les voy a spoilear para que los busquen, pero que se aprecian que estén. Estos detalles hacen que el juego, a pesar de estar localizado para un público internacional tanto en detalles, nombres de personajes y contexto de la historia, se sienta argentino. Me hubiera gustado ver un mate o algo más obvio de todas formas (si hay, no lo encontré). Ayuda también que el nivel gráfico sea impecable, pasa en algunos títulos que a pesar de que todo se vea muy realista, siempre hay algo que desentona o se ve medio trucho, no es el caso en MADiSON.

Por si estaban preocupados que solo vamos a estar confinados a una casa tenebrosa, les cuento que el juego está lleno de sorpresas y otras locaciones explorables, para darle más variedad y sabor. La historia es muy buena, y me gustó la forma en la que la van contando y cómo se construye la narrativa. Si somos curiosos e inquisitivos, vamos a poder encontrar temprano, detalles de cosas que van a ser importantes mucho más adelante.

TERROR DE CALIDAD

No les voy a mentir, los juegos de terror no suelen darme mucho miedo. Es mayormente en parte porque me comí tantos jumpscares a lo largo de mi vida, que la mayoría apenas me sobresalta hoy. Por eso mismo, y por entender más o menos como está armado a nivel técnico un juego de este tipo, me cuesta llegar a un grado alto de inmersión como le pasa a otra gente. Otras personas se sienten casi literalmente adentro de estos juegos, y les da una ansiedad y miedo muy grande jugarlos. A mí me cuesta no verlos como un tren fantasma, usando una frase de Max Payne 2: “una secuencia lineal de sustos”.

Nada de esto que dije es para desmerecer al género y mucho menos a este juego. Al contrario, me gustan y disfruto mucho los juegos de terror, y MADiSON es uno que podría de ejemplo para describir a un título que hace las cosas extremadamente bien. Mi apreciación por los mismos pasa más por la calidad de los momentos que llegan a armar, como construyen el suspenso y los sustos. También cómo arman la narrativa, si la historia es buena, y que nada sea de mal gusto ni tirado de los pelos.

En todos estos aspectos, este título hace las cosas bien. Quizás MADiSON no tiene muchos sustos “icónicos”, pero ninguno es barato ni boludo. El juego empieza bastante tranqui, y va poniéndose cada vez más turbio a medida que nos acercamos al final. Todo momento que nos quiera generar tensión está bien logrado y es inteligente. Algo que hace y aprecio bastante, es que a pesar de que por momentos no estemos en peligro real, se encarga de seguir inquietándonos. Si nos quedamos mucho tiempo quietos vamos a empezar a escuchar ruidos, golpes, pasos, o puertas abriéndose y cerrándose. Estos ruidos no siempre indican que algo real esté pasando, pero nos mantienen alerta y atentos.

Hay una sección cerca del final que no quiero spoilear, pero que es una masterclass en terror. No será tan fuerte como P.T. o House Beneviento pero es el tipo de cosas que necesitamos en juegos de terror, secciones que te dejan pensando por un tiempo después de completarlas. Solo tienen que saber que Blue Knees es real, y es ahora. Está claro que los developers tienen un gran conocimiento y amor al género.

Un detalle un poco incómodo del juego es que la cámara se mueve mucho. Si bien la perspectiva siempre es en primera persona y hay un motivo en la historia para eso, Luca mueve la cabeza al caminar, y esto puede marearnos un poco. Por suerte podemos desactivarlo desde opciones.

EL FLASH QUE TODO LO REVELA

MADiSON es uno de esos juegos de terror en donde usamos como herramienta una cámara fotográfica. La encontramos a poco de comenzar la aventura y vamos a usarla todo el tiempo. La principal función que cumple es la de fotografiar puntos específicos para resolver puzzles y permitirnos avanzar la historia, si sacamos la foto en el lugar correcto, claro. Estos lugares, así como los objetos, siempre están bien marcados. Esto es un problema bastante común en otros títulos del género en el cual perdemos tiempo en buscar objetos que no están nada visibles, o escondidos de formas poco intuitivas. En el caso de las fotos, los lugares en donde podemos interactuar con las mismas tienen polaroids alrededor. 

Cada foto que saquemos podemos revelarla, y se irá a nuestra colección de polaroids para que podamos verla después. Esto es muy útil y necesario para resolver algunos puzzles si no queremos usar un cuaderno en la vida real. Es genial que el juego tenga una herramienta integrada de esa forma. Si nos damos maña, también podemos usar el flash y estas fotos para iluminar áreas oscuras. El juego muchas veces juega con esto de formas interesantes, de lejos podemos ver algo que parece una figura amenazante, pero al sacarle una foto e iluminarla vemos que solamente es algo haciendo sombra. No hay límite para las fotos que podamos sacar, pero tenemos que tener en cuenta que hay un delay entre foto y foto. El flash también puede protegernos si algo nos persigue, pero solo en caso de emergencias, no suele ser algo que pase seguido.

La parte más grande del gameplay se centra en los puzzles, es de mi agrado decirles que ninguno es demasiado mala leche. No siempre son fáciles, pero supieron encontrar un punto justo en el que, si en serio pensamos y vemos las pistas, no deberíamos trabarnos demasiado. Esto no quita que algunos no lleven tiempo, en muchas partes tenemos que volver a otras áreas a buscar los objetos que necesitamos, o ir de una punta a otra del mapa. Los acertijos y pistas están muy bien pensados, e irlos resolviendo se siente altamente recompensante.

Esto me lleva a quizás la única crítica que puedo hacerle en serio al juego, el sistema de inventario. Luca solamente puede llevar 10 objetos encima, y algunos de esos slots están ocupados ya por objetos que no podemos dejar en la caja de almacenamiento. Me pareció un poco rompe bolas nomás, nada grave, el juego no siempre descarta automáticamente objetos que no vamos a necesitar más (solo descarta las llaves). Hay algunos ítems como el martillo, que son útiles de principio a fin. Pero ocupan espacio y no podemos saber de antemano exactamente cuándo los vamos a necesitar, el juego nos incentiva a guardarlos para poder agarrar nuevos objetos que sirven a corto plazo para los puzzles del momento. El problema es cuando muchos de estos objetos son herramientas universales y útiles en una variedad de situaciones, y vamos a querer llevarlas siempre encima.

Para los jugadores más manijas, hay varios trofeos/archievements para darle valor de rejugabilidad. Estos van desde coleccionables, que no les voy a mentir, son difíciles de encontrar, a speedrunear el juego o pasarlo sacando la menor cantidad de fotos posible. También tenemos un modo difícil en el que no nos van a dar pistas y los objetos son más difíciles de ver, pero que sí ya sabemos exactamente qué hacer no debería ser un problema jugando por segunda vez. El juego tiene una duración adecuada, nuestra primera vez nos puede tomar de 6 a 8 horas, dependiendo qué tanto tardaremos en resolver algunos puzzles o que tanto queramos buscar coleccionables y pistas extra.

Requisitos del Sistema

MÍNIMO: SO: WINDOWS® 7, 8, 8.1, 10 – Procesador: Intel® Core™ i3 or AMD Ryzen™ 3 – Memoria: 6 GB de RAM – Gráficos: NVIDIA® GeForce® GTX 950 or AMD Radeon™ R7 370 – DirectX: Versión 10 – Almacenamiento: 10 GB de espacio disponible

RECOMENDADO: SO: Windows 10 – Procesador: Intel® Core™ i5 or AMD Ryzen™ 5 – Memoria: 8 GB de RAM – Gráficos: NVIDIA® GeForce® GTX 1060 or AMD Radeon™ RX 480 – Almacenamiento: 10 GB de espacio disponible

MADiSON

  • Historia9
  • Jugabilidad9
  • Innovación8
  • Gráficos10
  • Música y Sonido9
  • 9.0

    Score

    MADiSON pisa fuerte como título local y como un excelente juego de terror. Dentro de los que eligen usar gráficos más realistas, es de los mejores. Lo recomiendo no solo para los amantes del género, sino para todos los que no tengan miedo de estas experiencias. Es un juego al que espero le vaya muy bien y se haga conocido, porque estaría bueno que sirva de inspiración a otros. Tiene bastantes cosas que a la industria a nivel internacional le vendría bien aprender. Personalmente, quiero ver más de lo que la gente de BLOODIOUS GAMES es capaz de crear.
User Rating: 4.7 ( 1Votes )


Me gustan los carbohidratos, la cafeína, los jueguitos y el aire acondicionado. Tengo todas las vacunas al día.


One thought on “MADiSON Análisis: Terror made in Argentina

  1. Marcos Sotile

    Juegazo. Muy buena reseña. El mejor juego argentino que jugué. Yo creo que sin dudas como decís va a pisar fuerte como un referente a nivel local. Pero lo loco de todo es que incluso a nivel internacional lo logró, siendo incluso más valorado afuera que por la escena local, obteniendo muchísimo reconocimiento. Recuerdo que el año pasado estuvo en la gamescom, este año en la summerfest ign y en guerrilla colective. Ign le levantó todos los trailers que anunciaron. Trailer en canal oficial de Playstation. E incluso ediciones físicas en PS4, PS5 y Nintendo Switch. Una locura ya que el juego tenga edición física. Y más locura que no sean ni siquiera un pequeño equipo de devs, que todo el juego por completo lo haya hecho solo un argentino, junto a un programador. Ni hablar que lo jugó desde ibai hasta markiplier y en todos lados lo mencionan como el juego de terror del año. De hecho en ign hicieron una encuesta de cual cree la gente que está siendo el juego de terror del 2022 y Madison va ganando como con 40% sacándole un montón de diferencia a títulos como the quarry, empresas con presupuestos millonarios. Repito, es una locura la dimensión de lo que consiguió bloodious games.
    Un orgullo argento que a nivel nacional no se tiene todavia realmente la dimensión de lo que representa tener un referente así para nuestra industria de videojuegos.
    Me saco el sombrero por el creador Alexis Di Stefano, que estudió en Da Vinci en donde estoy cursando actualmente.

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