Voice of Cards: The Beasts of Burden Análisis – Monstruos de bolsillo

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La tercera edición de Voice of Cards en un año nos trae el gameplay más refinado y divertido hasta ahora pero la narrativa menos interesante.

Voice of Cards: The Beasts of Burden esta disponible para PC, PS4 y Nintendo Switch.

The Beast of Burden nos presenta a Al’e, una joven que sueña con ver las estrellas, y quien vive en una aldea subterránea. Según nos explican, la superficie del mundo se encuentra invadida por monstruos, por lo cual lo que queda de la humanidad está forzada a vivir en lugares como este. Previsiblemente, su aldea es invadida por monstruos y Al’e es la única sobreviviente*, salvada a último momento por un joven misterioso que le cuenta que es dueña de un poder especial, y que hay gente en la superficie que necesita ese poder. Con un nuevo propósito, y deseando nada más que vengarse de todos los monstruos, Al’e y el joven emprenden una nueva aventura juntos.

*Estaba por enojarme con Yoko Taro por caer en este cliché cuando me di cuenta de que es el primer juego en toda su carrera en utilizar el recurso. Crisis evitada, te sigo amando.

YVAEL TERCERO

A esta altura del partido si jugaste un juego de la serie (o si leíste mis reviews de las entregas anteriores: Voice of Cards: The Isle Dragon Roars y Voice of Cards: The Forsaken Maiden) ya sabés qué esperar, y Voice of Cards: The Beasts of Burden no hace mucho para separarse a nivel gameplay o presentación con respecto a sus predecesores. Una vez más estamos frente a un RPG con combate de turnos en el que vamos a explorar un mundo hecho completamente de cartas mientras la voz en off de nuestro GM nos va narrando la historia. En esta ocasión tenemos por primera vez una narradora femenina dándole un poco más de sabor propio a la aventura.

Al igual que la segunda entrega, The Forsaken Maiden, The Beasts of Burden introduce una vuelta de tuerca al gameplay para darle un poco de identidad propia. En este caso, es gracias al poder de Al’e mencionado anteriormente: la habilidad de capturar a los monstruos que combatimos, convirtiéndolos en cartas con distintas skills que podemos equipar a nuestros personajes, y con distintos grados de rareza que determinan qué tan fuerte será dicha skill. Las cartas pueden conseguirse después de manera aleatoria después del combate (aunque no de *cada* combate) cuando puede caernos como tesoro la carta de alguna de las criaturas que acabamos de derrotar, o a veces hasta dos cartas de distinto rango. Si la carta es repetida se descarta, y si es una versión de mejor rango de alguna que ya poseíamos la reemplaza automáticamente. Cada personaje puede equiparse hasta cinco cartas diferentes sin ningún tipo de restricción, dándonos muchísimas opciones para armar nuestra party a gusto.

El mundo en The Beasts of Burden está armado de manera mucho más lineal que en los dos juegos anteriores, especialmente The Forsaken Maiden con sus mapas enormes y rutas alternativas. Acá, cada capítulo de la historia nos va llevando de una región a la siguiente y no solo son más pequeños sino que en general hay menos necesidad de explorar. Sin embargo esto no se sintió como un punto negativo, ya que el paso del juego se mantiene constante y la urgencia de la narrativa se siente de verdad. Los desarrolladores parecen haber tenido en cuenta además que quienes quieran cartas específica deberán grindear para conseguirlas, cosa que en ningún otro de los juegos fue necesario, y ya con eso se iba a extender por demás su duración.

Donde The Beasts of Burden flaquea para mí es en su historia, que no hace nada nuevo ni interesante. Lo mejor por lejos son los diálogos y las interacciones entre los miembros de la party, mientras que la historia se pasa rápido y sin sorprender.  El tono durante toda la aventura es bastante sombrío en general, con algunos momentitos puntuales de humor nomás, que apenas evitan que la vibe de todo sea un garrón todo el tiempo.

Los dos juegos anteriores tampoco eran maravillas narrativas, claro, pero lo compensaban con el humor negro y bizarro tan particular de los juegos de Taro, o subvirtiendo las expectativas de las historias tradicionales de los JRPGs. Acá no hay nada de eso, y lo más cercano que hay a una vuelta de tuerca en la historia se ve venir desde el comienzo prácticamente, y de ahí solo estamos esperando a que el juego nos lo revele. Por un breve momento amenazó por ponerse más interesante solo para terminar diciendo nop, es exactamente lo que esperabas hace quince horas. Por suerte, el juego no es muy largo -de hecho es el más corto de los tres- y se termina antes de que el concepto se queme por completo.

GRAFICOS, MÚSICA Y TODO ESO

Del apartado técnico no hay nada nuevo que decir tampoco, el juego se ve y corre exactamente como esperarías si jugaste a cualquiera de los anteriores. La presentación es impecable, la música sigue siendo genial como siempre -con Keiichi Okabe la vara siempre va a ser de excelente para arriba-, nada que criticar por ese lado. Noté esta vez que la voz de la GM variaba mucho de volumen entre diferentes líneas, cosa que en los anteriores no recuerdo que sucediera.

Sin sorprender ni decepcionar, Voice of Cards: The Beasts of Burden es otra buena adición a la serie. Si te gustaron los dos anteriores este también va a hacerlo, y los cambios en el gameplay son más que suficientes para distinguirlo de sus hermanos mayores. Tal vez en esta ocasión sea su narrativa la que deja un poco que desear, pero tampoco resta: es simplemente correcta. Pero no voy a mentir: con tres juegos en menos de un año, empiezo a sentir la fatiga. Quizás es hora de dejar descansar este proyecto por un ratito y volver con un cambio más drástico.

Voice of Cards: The Beasts of Burden

  • Historia6
  • Jugabilidad8
  • Innovación6
  • Gráficos8
  • Música y Sonido8
  • 7.2

    Score

    Voice of Cards: The Beasts of Burden nos trae el gameplay más divertido de la serie pero la historia más floja hasta ahora. Si bien es otra entrega sólida en la serie, tal vez ya sea hora de algo distinto.
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Jueguitero, weeb, cuenta la leyenda que a veces músico. Me gusta el Dark Souls y las empanadas de carne (pero sin aceitunas).


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